
¿Una nueva estrategia?
May 27, 2011Por segunda vez en su mandato, Barack Obama se ha dirigido al mundo árabe. Si en su discurso de El Cairo en 2009 el presidente estadounidense se alejaba de la retórica anti-musulmana de su predecesor, ahora rompe con algunos líderes autoritarios de la región y tiende la mano a los Gobiernos surgidos de las revueltas.
El pasado 19 de mayo, el presidente estadounidense Barack Obama se dirigió al mundo árabe en su discurso en el departamento de Estado en Washington. Los levantamientos populares en el norte de África y Oriente Medio, el enquistado conflicto palestino-israelí y la muerte de Osama bin Laden marcaron la comparecencia, con la que Estados Unidos establece una nueva hoja de ruta para la región.
Adelantándose a su homólogo hebreo Benjamin Netanyahu – que se dirigió al Congreso norteamericano pocos días después – y en respuesta a la reciente reconciliación entre la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y Hamas, Barack Obama redefinió la postura de Washington en el conflicto árabe-israelí: “las fronteras de Israel y Palestina deberían de estar basadas en la línea de 1967, con intercambios mutuamente aceptados”. Sin embargo, se abstuvo de pedir a Tel Aviv que detenga la proliferación de colonias ilegales – mientras Obama pronunciaba su discurso, la ONG Ir Amim revelaba en Jerusalén que Israel había aprobado la construcción de 1.520 nuevas viviendas en dos asentamientos judíos en la parte oriental de la ciudad. A esto se añade que pidió a los palestinos que renuncien a su propósito de que se vote en la Asamblea General de las Naciones Unidas el reconocimiento del Estado Palestino el próximo mes de septiembre.
La toma de postura estadounidense ha sido recibida con desconfianza por ambas partes. De un lado, Netanyahu ha calificado de “indefendible” la jugada de Washington sobre las fronteras de 1967 y de otro, el titular de la ANP Mahmud Abbas, se ha limitado a agradecer la “atención” prestada por Obama al “derecho de los pueblos a la autodeterminación”. Aunque la falta de concisión respecto al plan de paz no ha pillado a nadie por sorpresa, el posicionamiento norteamericano supone un claro enfriamiento en las relaciones de la administración Obama con la actual cúpula de Gobierno israelí.
Doble rasero
Con una suerte de Plan Marshall bajo el brazo, Obama expresaba su apoyo a las revueltas en los países árabes y señalaba que Estados Unidos tratará de trasladar las demandas ciudadanas a “acciones concretas por todos los medios diplomáticos, económicos y estratégicos”. Respecto a Túnez y Egipto, el presidente anunció un plan de ayuda económica que podría ampliarse a otros países que también inicien reformas democráticas. Mediante esta cooperación económica que incluye la condonación de deuda externa, Washington asegura la colaboración de El Cairo de cara a desarrollar una nueva política en la región. Durante los años de Hosni Mubarak, Egipto ha sido el segundo mayor receptor de ayuda exterior estadounidense.
Respecto a Libia, el presidente de Estados Unidos declaró que “el tiempo corre en contra de Gadafi. Ya no tiene control sobre su país y la oposición ha organizado un consejo interino creíble y legítimo”. Washington también ha advertido al presidente de Siria Bashar-al Assad, antiguo aliado estadounidense contra el que ya se han aprobado sanciones económicas, sobre la necesidad de emprender un proceso de democratización, aunque aún no ha pedido explícitamente que deje el cargo.
En su elocución, el presidente Obama tampoco olvidó hacer una breve mención a Irán, país al que acusó de desarrollar un programa nuclear ilícito y de patrocinar el terrorismo internacional. Mucho más laxa ha sido la crítica estadounidense a la represión de las manifestaciones en Bahréin y Yemen, limitándose a pedir a los Gobiernos de los dos países árabes que negocien con los partidos de oposición.
Por otro lado, Barack Obama no hizo mención a alguna a Arabia Saudí, aliado clave de Washington en la región. Sin embargo, Riad entregó recientemente 36.000 millones de dólares a distintas instituciones bahreiníes – policía, funcionarios, autoridades religiosas – para que no apoyaran las movilizaciones en el emirato.
El asesinato de Osama bin Laden y las movilizaciones en el mundo árabe han provisto al presidente Barack Obama de una oportunidad de oro para construir una nueva imagen de Estados Unidos en el norte de África y Oriente Medio. Esta renovada sensibilidad apoya los levantamientos populares contra los tiranos que durante décadas han gobernado la región, en oposición a un terrorismo islamista de capa caída. Sin embargo, el compromiso americano en la región aún se rige por intereses y alianzas estratégicas.
María Gallar Sánchez
Artículo publicado en el Nº 45 del semanario hispano-marroquí Marruecos Siglo XXI
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Posted in Relaciones internacionales | Tagged Barack Obama, Estados Unidos, Mundo árabe |
Es realmente interesante el articulo, muy objetivo.
les felicito.
Importante seria conocer quienes manejan las principales industrias de los estadosu unidos, sobre todo de defensa y su interrelacion con el gobierno judio, maxime cuando se sabe que muchos funcionarios estadounidenses son descendientes de judios .
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